La protesta y censura en la pantalla grande: conoce alguno de los «Films más Políticamente Atrevidos»

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A propósito de los agitados tiempos que atraviesa Venezuela, es idóneo traer a colación algunos ejemplos cinematográficos que han reflejado una protesta: social, económica, política, en la que sus protagonistas se debaten entre las consignas y la pasión de quien se aferra a la pelea por sus exigencias y derechos.

¡Comencemos!

“La culpa es de Fidel” dirigida por Julie Gavras es una película francesa que, aunque es de 2006, se sitúa en París hacia el año 1970 y expone, desde la visión de la pequeña Anna de 9 años, todo el proceso que le tocó vivir cuando sus padres pasan a ser activistas radicales en pro de la causa chilena con Salvador Allende.

Gracias al cambio ideológico de sus padres la vida burguesa desaparece y los bruscos cambios hacia la simpleza se adueñan del entorno familiar. El film en sí mismo es una protesta ante un cambio inevitable que, aunque se proyecta desde la intimidad de una pequeña niña, su intención probablemente haya sido reflexionar desde una macro visión las convulsiones que acarrean en la sociedad el choque de ideologías.

Por otro lado, el falso documental español “Noviembre” (2003) a cargo de Achero Mañas, canaliza a través del grupo de teatro homónimo el anhelo de experimentar este tipo de arte directamente de la mano con el público, sumándolos al espectáculo en la calle, sin censuras ni prejuicios, pero deben afrontar las consecuencias.

Este film es un grito desesperado a la libertad de expresión, que se ve acechada por las leyes y normas establecidas en el entorno social donde se desarrollan. La delgada línea entre esa libertad y el rompimiento de las reglas luce borrosa ante el sacudón artístico del grupo, volcado en las calles para interactuar con el público transeúnte… en esta oportunidad la represión es la ganadora.

La llamada época del “cine urgente” o “de liberación” en los 60 contagió no sólo a Venezuela, sino también a gran parte de Latinoamérica y donde surgió una ola de cintas críticas y sociales como la argentina “La hora de los hornos” (1968) de Fernando Pino Solanas y Octavio Getino, que luchó por estrenarse en su país de origen lográndolo apenas cinco años y varios premios después, dado el contexto político de la época.

Finalmente y, para no irnos muy lejos, la protagonista de nuestros últimos días: Venezuela y el único film prohibido en nuestra patria, “Ledezma, el caso Mamera” (1982) de Luis Correa, éste trabajo se atrevió a desnudar la corrupción policial en torno al resonado triple asesinado del popular barrio, además que cuenta con la intervención del propio agente involucrado en los crímenes y diversas personalidades relacionadas con los hechos.

Esta “indeseada” exposición trajo consigo la censura del documental, al que se le eliminó la clasificación y, por consiguiente, no pudo ser proyectado públicamente ni siquiera en festivales de cine. Asimismo, su director fue encarcelado por tres meses en la cárcel de El Junquito.

Innegable es, entonces, que el séptimo arte ha revolucionado al mundo y es esta ventana precisamente la preferida para desahogar variopintas posiciones ideológicas… sean éstas muy atrevidas o no.

¿Tienes algún otro ejemplo en mente? ¡No dudes en comentar!

Por Mónica Bermúdez Zovko